“Lluvias Atípicas, Socavones y Deprimidos”

“Lluvias Atípicas, Socavones y Deprimidos”

Por: J Danilo Ovando R

Desde hace varios años, nuestras autoridades tanto federales como locales, han incluido la frase “Lluvia atípica” cuando tratan sin conseguirlo, de no quedar tan mal ante la opinión pública luego de graves lagunas en calles y avenidas, inundaciones en barrios completos, desgajes en cerros que arrastran viviendas asentadas pobre e irregularmente en los lugares más peligrosos y hasta socavones que tragan vehículos en vías recién inauguradas o verdaderas cavernas que intentan tragar revolvedoras o ambulancias a su paso.

Sin embargo, cada año hay lluvias atípicas  porque vivimos en un tiempo atípico, con sociedades atípicas que atípicamente ignoran las más elementales reglas de civilidad y conciencia de la urgente necesidad de preservar nuestro planeta del deterioro que por muchos de nuestros avances tecnológicos hemos causado, para muestra basta un botón: Una de las naciones más poderosas y que tradicionalmente ha generado un mayor deterioro ambiental a nivel mundial, queriendo abandonar los tratados que en conjunto organizaciones de numerosos países han desarrollado y firmado para intentar revertir algunos de los nefastos efectos de nuestras irresponsables acciones industriales que a nivel mundial han tenido severas consecuencias contra el medio ambiente y que a la fecha ya han pasado su factura con situaciones atípicas como ” el niño y la niña” o el cada vez mayor derretimiento de los glaciares y el desprendimiento de una masa de hielo conocida como Larsen C de cinco mil metros cuadrados en el que podría caber más de tres veces nuestra ciudad.

También es atípica la urgencia mundial de aprobar y promover costumbres atípicas que minan todo buen sentido común y valor fundamental de ética y conducta, dando por resultado grupos atípicos de personas atípicas que de manera por demás virulenta demandan la aceptación de sus atroces y atípicas políticas y posturas ideológicas ídem. Pero volviendo a las lluvias, puedo decir que desde hace 40 años que trabajaba en un despacho de arquitectura y decoración ubicado en la colonia Anzures de esta ciudad capital, frente al Liverpool de Polanco que dicho sea de paso, es parte de mi vida, el cruce de las avenidas Gutenberg con Mariano Escobedo que es donde inicia la recientemente remodelada Av. Presidente Masaryk se formaba una verdadera laguna a la que sólo le faltaban las lanchitas y los patos para poderla anexar a los lagos artificiales de Chapultepec. En aquél momento, se iniciaba el proyecto del “Drenaje Profundo” con los mismos bombos y platillos utilizados para la inauguración del “paso de la muerte…” digo… express” de Cuernavaca, Mor., que luego de tragar dos vidas hace un par de meses será enriquecido con un puente para que por debajo de esa estructura fluyan a su antojo las aguas resultantes de las atípicas lluvias referidas con anterioridad.

Frases como “nunca volveremos a tener inundaciones” resonaron en aquellos días de un sexenio marcado por la atípica austeridad de un gobierno, que haciendo a un lado el riguroso protocolo que acompaña a la Reina Isabel II de Inglaterra y pedazos toda consideración hacia la Honorable Huésped, le sirvió a ella y su séquito agua de Jamaica para acompañar su cena que incluyó Pescado a la Veracruzana, que muchos dentro y fuera del equipo del gobierno, dudaron haya sido del agrado pero sobre todo conveniente para la salud de la Soberana. Así que de inundaciones y situaciones atípicas podemos llenar la historia reciente de nuestra ciudad, como el trazo y construcción de la ciclovía del Sr. López que rompió con un puente la continuidad visual del paseo de la Reforma en su cruce con el Anillo Periférico, al que se accede a través de una pendiente atípica parecida a la de una pirámide que requeriría de un puesto para brindar primeros auxilios en su cúspide para salvar la vida de los ciclistas que ingenuamente traten de subirla pedaleando; o la incorporación de una ruta de transportes urbanos de doble altura y color rojo como los ingleses, al ex Paseo de la Reforma que ahora podrá ser conocido como el “Paseo de Mancera o Paseo del Metrobús”, y que en su segundo nivel sólo podrán viajar personas de la misma altura que la del Jefe de Gobierno y menores, porque sólo cuenta con 1.70 m de altura interior.

Y como cereza del pastel, podemos referirnos al atípico calificativo asignado al paso a desnivel desarrollado en el cruce de Av. de Los Insurgentes Sur y Av. Río Mixcoac que se dio a conocer como “El deprimido de Insurgentes”, y que alegró la vida de todos los psicólogos del rumbo, porque deprimidos quedaron todos los vecinos y los miles de automovilistas que durante dos años soportaron su construcción, y también deprimidos se vieron los que tuvieron que pasar en fila india el día después de su silenciosa puesta en marcha por la inundación de que fue objeto, ¡claro!, por las lluvias atípicas de la temporada, y con ello, quedaron deprimidos un funcionario de la Cdmx y alguna constructora involucrada en la depresiva y atípica obra, el primero por su destitución del cargo y hueso que tenía, y los otros por la sanción que se les aplicó de manera atípica, dado que aquí en México, y me duele afirmarlo, es del todo atípico que alguien sea responsabilizado y castigado por las calamidades que acontecen día con día consecuencia de su ineficiencia, corruptelas y faltas de supervisión de los supuestos responsables.

Con la suma de esto y mucho más, todo pareciera indicar que este año, el grito que se dará en el nuevo zócalo será: ¡¡Mexicanos:!! ¡¡Aguas con las lluvias atípicas!!, ¡¡Aguas con los socavones!! y ¡¡Aguas con esta bola de deprimidos que andan por toda la ciudad!!   

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