¡¡AHORA MÁS QUE NUNCA!!

#GOLDENMONDAY_MHE  publicado en #GOLDENWEDNESDAY_MHE

#¡AHORA MÁS QUE NUNCA!

Por. J. Danilo Ovando R.

Ayer 26 de Septiembre 2017 por la mañana, me presenté en las instalaciones de la Clínica Familiar del IMSS que me corresponde, para los análisis que ordenó mi Médico Familiar, que en mi caso es Médica, y que para ser honesto, debí realizarme el viernes pasado, pero así como el viernes, a mí se me pasó, (quizás por todo el caos vivido recientemente o por tener hospedadas a mis tres nietas mayores mientras sus papás salieron de viaje a festejar su XV Aniversario de Bodas y el arribo “al cuarto piso” de nuestra querida “Nuera que sí era”. Así las cosas, antier me presenté en el mismo sitio, también temprano, para ver si lograba que me cambiaran la fecha de los análisis que dicho sea de paso, tenían que ser previos a la cita que tengo con mi “Médica” el día de hoy 27 en ese lugar.

Por la gracia de Dios -literalmente- me autorizaron el cambio de fecha y debía pasar a la ventanilla del propio laboratorio para que me confirmaran qué día podría hacérmelos. Para mi beneplácito los marcaron para ayer, así que felizmente ya podemos volver al primer renglón…

La cita estaba marcada a las 7:00 a.m., pero a esa hora estaba llegando el camión de la basura que pasa por nuestra casa, (del que ya les he contado anteriormente), hoy convertida en “Fundación Ovando” como me dijo un amigo hace unos días cuando le conté que dos de mis hijos, mi yerno y 6 de mis nietos habían estado pernoctando con nosotros desde el día 19. Así que cargué el bote de desechos orgánicos que hoy en especial estuvo muy pesado, y lo llevé al camión en donde el operario me exhortó a usar menos bolsas de plástico, me dijo: “Muchas bolsas patrón, vacíe todo en una o directo en el bote…” Bueno, regañado pero satisfecho por haber podido tirar la basura, me regresé rápidamente (es un decir) a mi casa para dejar el bote,(el de la basura), enjuagarlo y subirme al auto y dirigirme de prisa a la CF en cuestión que gracias a Dios queda bastante cerca.

Así que llegué a las inmediaciones, estacioné al auto y caminé lo más rápido posible la cuadra de 600 m. que me separaba de la clínica. Llegué un poco acalorado por el ejercicio y el chaleco modelo ártico que llevaba puesto, ingresé al lugar con mis documentos a la mano, y me formé en la línea de personas que esperaban su turno para lo mismo. La fila terminaba ya en la planta alta del lugar y ahí iniciaba su sinuosa forma para hacer el recorrido de media clínica, primero hacia la izquierda (gracias a Dios sin don López) hasta el fondo, vuelta a la derecha un breve tramo, nuevamente a la derecha, y una más hacia la izquierda a la porción de la fila que ya estaba dirigida en línea recta hasta el ventanal del laboratorio en donde uno registra su asistencia y su receta y donde le entregan a uno las etiquetas con los códigos de barras que habrán de poner en los dos tubos de ensaye en los que será depositada nuestra sangre para los análisis correspondientes a la orden presentada.

También ahí se nos indica la posición a la que uno debe dirigirse para entregar los tubos y realizar el procedimiento vampírico. “Ventanilla Once”, dijo al mujer que me atendió sin levantar el rostro para decirlo. Dí las gracias y me dirigí a la posición indicada. Había delante de mí tres  o cuatro personas por ser atendidas y había dos mujeres vestidas de blanco, (infiero doctoras o mínimo laboratoristas) para la succión sanguínea. Las personas pasaban alternadamente ante una y otra, y cuando me tocaba mi turno, la dama de mi izquierda se levantó y salió del cubículo, y me tocó sentarme frente a la de mi derecha, una mujer de aspecto apacible, con lentes semejantes a los míos que con amabilidad me indicó que tomara mi posición frente a ella. Debo decir que muy frecuentemente les cuesta mucho trabajo hallar mis venas para obtener las muestras. Casi siempre tienen que revisar ambos brazos hasta que perciben allá en lo hondo del área de mi flexura del codo o sangradilla como refieren otros diccionarios, el bombeo de mis venas. Así sucedió en esta ocasión, la mujer buscó con detenimiento y un tacto debidamente entrenado, aquellos impulsos que necesitaba para hendir la jeringa y obtener el precios líquido, que espero reporte una composición saludable, ya lo dirán los resultados de la biometría hemática. Pero aquí está lo importante de este relato. Desde que ingresé al cubículo marcado con el número 11, escuché un sonido de celular que identifiqué como un canto cristiano, lo que me extrañó es que el volumen estuviera lo suficientemente alto como para llenar ese espacio con su melodía y sus dichos. Así que mientras esta mujer procuraba hacer su trabajo conmigo, le pregunté si ella era cristiana a lo que respondió de inmediato y con una sonrisa: “Como están las cosas…

#¡AHORA MÁS QUE NUNCA!”

Le hice un par de comentarios al respecto, en ese momento ubicó mi vena e hizo la incisión más suave que haya yo experimentado. Los dos tubos de ensaye se llenaron con rapidez y luego de la frase: “eso sería todo…”, me despedí de ella agradeciendo con una sonrisa su servicio y salí del lugar con mi puño cerrado y el brazo flexionado sujetando el pequeño algodón con alcohol que habitualmente le ponen a uno luego de esos piquetes.

Salí del lugar hacia mi auto y durante el recorrido de esos 600 metros, consideré que la frase de esta mujer tiene un valor incalculable, porque ciertamente #¡AHORA MÁS QUE NUNCA! es necesario que tod@s nos apliquemos para tener la certeza de nuestra salvación. Es muy frecuente que las personas sean simpatizantes de Dios, como si fuera un club de admiradores. Muchos tienen anécdotas de cuando Dios salvó a su abuelita o al bebé de tal o cual emergencia, y otros llegan al punto de asegurar que vieron ángeles o escucharon frases que le atribuyen a Dios sin que en algún momento de su vida se hayan comprometido con Él de corazón en los términos que él mismo establece.

Para poder disfrutar una relación personal e íntima con Dios, el único y verdadero, es necesario derribar la separación que nos aparta de Él y que en términos espirituales conocemos como pecado. Lo único que puede librarnos de esa barrera es el arrepentimiento que no es otra cosa que apartarnos de aquel mal que sabemos que hemos hecho y que es contrario a lo que nos enseña Dios en su palabra.

Durante estos días nos hemos alegrado mucho por el rescate con vida de decenas de personas que permanecieron por horas sepultadas entre escombros, y en algunos de los casos, se tuvieron que abrir losas de concreto una sobre otra para hacer una vía de rescate y llegar al sitio donde permanecían atrapadas al borde de la muerte muchas personas. Unas fueron felizmente rescatadas, otras, por desgracia no.

En esta historia, el rescatista es Jesucristo, y nosotros los atrapados en nuestros delitos y pecados, imposibilitados de salvarnos por cuenta propia y desesperados por volver a ver la luz del día y la sonrisa de los nuestros.

El canal abierto para nuestro rescate, fue su propia cuerpo…

La Carta a los Hebreos en la Biblia nos refiere lo siguiente:

“Cuando los pecados ya han sido perdonados, no hay más necesidad de presentar ofrendas por el pecado. Hermanos, puesto que con toda libertad podemos entrar en el Lugar Santísimo -su presencia- por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, es decir, de su propio cuerpo, y puesto que tenemos -en él- un gran sacerdote al frente de la casa de Dios, acerquémonos con un corazón sincero, y con la plena seguridad de la fe, con el corazón purificado de una mala conciencia, y con el cuerpo lavado en agua pura. Mantengamos firme y sin fluctuar la esperanza que profesamos, porque fiel es el que prometió. Tengámonos en cuenta unos a otros, a fin de estimularnos al amor y a las buenas obras. No dejemos de congregarnos, como es la costumbre de algunos, sino animémonos unos a otros; y con más razón ahora que vemos que aquel día se acerca.” -Hebreos 10. 18 a 25-

Así que #¡AHORA MÁS QUE NUNCA! seamos gente de Dios, y permitamos que Jesús rescate nuestra vida. #¡AHORA MÁS QUE NUNCA! busquemos un lugar en donde seamos enseñados en los principios eternos y #¡AHORA MÁS QUE NUNCA! si ya conocemos a Cristo, no seamos desleales a su llamado y regresemos a nuestras congregaciones porque como ya hemos leído, Él así quiere que lo hagamos.

Es mucha la gratitud para con todos los rescatistas nacionales y extranjeros, l@s incansables voluntari@s que han invertido su esfuerzo y su corazón en cada frente de rescate, bendecimos al Señor por su vida y por tod@s aquell@s que han dispuesto sus finanzas para ayudar en toda esta grave necesidad, pero sobre todo bendecimos a Jesús por darnos la oportunidad de la vida eterna, sabiendo que nuestra vida en esta tierra ya tiene una fecha de caducidad y que de una u otra manera habrá de cumplirse, por tanto #¡AHORA MÁS QUE NUNCA! acerquémonos a Dios y permanezcamos de aquí en adelante muy cerca de Él, y te aseguro Querid@ Amig@, que seremos grandemente bendecidos.

¡Felíz y Bendecida Semana Tengan Tod@s! MHE

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *